19 de agosto de 2026 · 9 min de lectura
La mayoría de los restaurantes cuesta sus recetas con una regla simple: sumar lo que pagaron por cada ingrediente. El problema es que eso no es lo que de verdad les cuesta el platillo — es lo que les costó comprarlo, antes de limpiarlo, pelarlo o que se encoja en la parrilla. Esa diferencia se llama merma, y es la razón más común de que un platillo "deje" en el papel y pierda dinero en la realidad.
Esto es el proceso completo, en el orden en que hay que hacerlo.
No el precio de la etiqueta — el precio de tu última compra. Si el jitomate subió la semana pasada, tu costo de hoy tiene que reflejar eso, no el precio de hace un mes. Un insumo con el precio desactualizado hace que TODAS las recetas que lo usan salgan mal costeadas al mismo tiempo.
La merma es lo que se tira al preparar un insumo: la cáscara, el hueso, la grasa, el tallo. Lo que pagaste por kilo no es lo que te cuesta el kilo que de verdad usas — porque de ese kilo, una parte se va a la basura.
Costear sin merma es la razón más común de creer que un platillo deja dinero cuando en realidad no. Entre más carne, pescado o verdura fresca lleve tu receta, más te está mintiendo el costo si te saltas este paso.
No en la unidad en la que compras — en la unidad en la que cocinas. Si compras el pollo por kilo pero la receta lleva 120 gramos, el costo de esa línea es 0.120 × el precio del kilo (ya con la merma aplicada). Mezclar unidades sin convertir —gramos contra kilos, mililitros contra litros— es la segunda causa más común de un costeo mal hecho, y una de las más difíciles de notar a simple vista: el número sale, sólo que mil veces más grande o más chico de lo que debería.
Una salsa, un marinado, una base que preparas para usar en varios platillos es una subreceta: se costea una vez, completa, y después se reparte entre las porciones que rinde.
Ingredientes directos (ya con su merma) + la parte proporcional de cada subreceta = el costo de producir ese platillo, una vez. Éste es el número contra el que se compara todo lo demás: el food cost, el precio mínimo, y si de verdad te conviene venderlo.
Si un insumo se te queda sin precio capturado (pasa seguido cuando se sube un Excel o se agrega un insumo a la carrera), ese ingrediente entra al costeo valiendo cero. La receta no truena ni avisa — sale con un costo redondo y más barato de lo que es. De ahí cuelgan el precio mínimo y el margen, así que el error no se queda quieto: se propaga a cada decisión que tomes con ese número, y no se nota hasta que las cuentas del mes no cuadran.
Con el costo real ya resuelto, el siguiente paso es decidir a cómo venderlo — eso es ponerle precio sin adivinar, y el que sigue después de ése es entender qué te dice el food cost una vez que ya tienes el costo bien hecho.
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